Una magnífica idea, una gran iniciativa

Mi amiga B.B. me envía un mail con el siguiente texto que aquí reproduzco con sumo gusto, porque las buenas ideas y las personas que las promueven necesitan de cuanta más luz mejor.

 

Hola a todos,

 

Me gustaría hablaros sobre un proyecto estupendo:

 

La Fundación “www.juegaterapia.org“.

 

Se dedican a recoger todo tipo de consolas usadas, mandos y juegos para niños enfermos de cáncer y distribuirlas en hospitales con zona de oncología infantil.

 

La idea es hacer más llevaderas las sesiones de quimioterapia en los hospitales y arrancar así alguna sonrisa.

 

Su lema es “la quimio jugando se pasa volando”.

 

Las consolas se entregan con una pegatina con los datos del donante, para que el niño al que les llega o un familiar suyo pueda agradecerlo con una llamada, un mensaje… si lo desea.

 

Las consolas se entregan a niños ingresados, aunque se ceden al centro hospitalario, de forma que cuando el paciente es dado de alta los dispositivos se quedan en las habitaciones para que sean utilizados por otros niños.

 

Se hacen muy largas las horas en los hospitales y más a estos niños que deben estar en sus habitaciones aislados, pasar sus largas sesiones distraídos y olvidándose a ratos del dolor es muy importante para ellos.

 

Su sede está en:

 

C/Sagasta nº 8 Madrid,

 

donde podéis enviar todas vuestras consolas y juegos.

 

También cuentan con la colaboración de 20 Asociaciones  de la Federación Española de Padres de Niños con Cancer (FEPNC) con sedes en muchas provincias españolas.

 

Sería muy útil que pasarais este mensaje a todos vuestros contactos.

 

Podéis saber más y seguirles día a día en Facebook / juegaterapia.org donde ya cuentan con más de 10.000 seguidores y ver las fotos con las entregas en los hospitales, el listado de Asociaciones colaboradoras y los cientos de mensajes y felicitaciones que reciben por la labor desarrollada.

 

O en su pag web www.juegaterapia.com y gracias a todos.


Ni pena ni quebranto

¡Cómo somos! Si no hay desgracias no estamos contentos. Somos como esos personajes que van a los toros solo para ver si el toro coge al torero y, si no ocurre nada, al salir dicen que la tarde ha sido floja. Viene a cuento esto porque he leído hoy martes en la edición impresa de La Vanguardia dos noticias que aunque totalmente diferentes tienen un gran punto en común: la mala hostia.

En la página 24 de la citada edición, Miguel Roca, abogado y político de sobras conocido, nos informa en su columna que Irlanda, la rescatada Irlanda, la históricamente atrasada Irlanda, la inefable Irlanda, se está recuperando y vuelve a ir bien. Después del rescate y los sacrificios Irlanda vuelve a la senda del crecimiento y los organismos internacionales “aplauden el coraje irlandés y recomiendan sus recetas”. Pero ¡Ay! la alegría no es completa porque resulta que de esta buena noticia no se ha enterado casi nadie, no interesa, no tiene morbo, no entra en el “mainstream” de negatividad que nos asola, no vende. No vende desde luego como una buena desgracia. Como escribe Miguel Roca “que Irlanda esté saliendo de la crisis podría ser una buena noticia y, esto, ahora está prohibido”.

Más adelante, en la página 28, La Vanguardia trata el asunto de la epidemia de temblores y seísmos que la isla de El Hierro viene padeciendo desde hace semanas y, en concreto, que la erupción volcánica que se esperaba asociada a los temblores ha sido en el fondo del mar, a unos 5 kilómetros de la costa y a 1 kilómetro de profundidad. Hasta ahí nada anormal. Nada anormal hasta que la noticia recoge la decepción de los herreños porque la erupción no haya sido en tierra y no se haya podido ver. En concreto se destaca la opinión de Pucho, restaurador, que se declara muy decepcionado. También opina Loli, propietaria de supermercado, que afirma estar tranquila pero también deseosa de que se hubiera visto algo. ¡Qué pena penita que no se haya visto nada! Los posibles destrozos sobre vidas y haciendas parece que no entran en ningún cálculo. Pero la naturaleza es sabia y mientras escribo estas líneas (18:58 de este martes 11 de octubre) la prensa on line se hace eco de la declaración de la alerta roja y la evacuación de una población herreña por el riesgo a otra posible erupción. Aún no está todo perdido.

Dos noticias, en fin, que nos demuestran, por activa y por pasiva, que si no hay ni llanto ni pena ni quebranto el ser humano no está contento. Así nos fue y así nos va.

El arte, a veces, sí es morirte de frío

En una conocida y estilosa tienda de muebles de Barcelona tienen colgado de atrezzo, aunque también a la venta, una reproducción posterizada sobre bastidor de madera de una fotografía de una casa en ruina inminente. La foto en cuestión es una de las realizadas por los fotógrafos Yves Marchand y Romain Meffre bajo el epígrafe The Ruins of Detroit, un trabajo que muestra la decadencia y hundimiento de la otrora capital mundial del motor. De hecho, la casa de la fotografía ya no existe. Después de años de abandono y exposición a las inclemencias (naturales y humanas), la estructura se resintió y fue preciso derribarla en 2007. Mientras encontramos lógico que desaparezcan pueblos, es el signo de la modernidad nos decimos, que le esté pasando eso a una ciudad de la historia y significación de Detroit nos enfrenta con la cruda realidad de la inconsistencia de nuestra “sociedad moderna”. Pero para conjurar sus temores, el ser humano se las pinta que es un primor. Así, convierte al portador del mensaje perturbador – la fotografía de la casa en ruinas – en un objeto superfluo (en el fondo, todo arte lo es), intercambiable y, por tanto, reemplazable. Es la banalización de la realidad molesta. Un cuadro que puede quedar bien encima del buffet, “¿Tú crees? Yo lo pondría en el despacho”, “en el despacho no, que quiero poner esa reproducción tan chula de los obreros esos, sentados en una viga, a sopotocientos metros de altura”, “pero si esa ya está muy vista”, “pues la casa en ruinas no, es horrible y seguro que debe ser de alguna de esas ciudades rusas de Siberia que quedaron abandonadas cuando se hundió la URSS”…

El ser humano se diferencia de los animales en muchísimas cosas, pero creo que una de las más perversas es su capacidad de manipular y alterar la realidad simbólica, desactivando con ello la conciencia de los individuos. Para ello se ha valido y se vale de múltiples armas, desde la religión hasta el saber científico. El arte es una de ellas, tanto de manera directa como apropiándose del arte ajeno.