Una magnífica idea, una gran iniciativa

Mi amiga B.B. me envía un mail con el siguiente texto que aquí reproduzco con sumo gusto, porque las buenas ideas y las personas que las promueven necesitan de cuanta más luz mejor.

 

Hola a todos,

 

Me gustaría hablaros sobre un proyecto estupendo:

 

La Fundación “www.juegaterapia.org“.

 

Se dedican a recoger todo tipo de consolas usadas, mandos y juegos para niños enfermos de cáncer y distribuirlas en hospitales con zona de oncología infantil.

 

La idea es hacer más llevaderas las sesiones de quimioterapia en los hospitales y arrancar así alguna sonrisa.

 

Su lema es “la quimio jugando se pasa volando”.

 

Las consolas se entregan con una pegatina con los datos del donante, para que el niño al que les llega o un familiar suyo pueda agradecerlo con una llamada, un mensaje… si lo desea.

 

Las consolas se entregan a niños ingresados, aunque se ceden al centro hospitalario, de forma que cuando el paciente es dado de alta los dispositivos se quedan en las habitaciones para que sean utilizados por otros niños.

 

Se hacen muy largas las horas en los hospitales y más a estos niños que deben estar en sus habitaciones aislados, pasar sus largas sesiones distraídos y olvidándose a ratos del dolor es muy importante para ellos.

 

Su sede está en:

 

C/Sagasta nº 8 Madrid,

 

donde podéis enviar todas vuestras consolas y juegos.

 

También cuentan con la colaboración de 20 Asociaciones  de la Federación Española de Padres de Niños con Cancer (FEPNC) con sedes en muchas provincias españolas.

 

Sería muy útil que pasarais este mensaje a todos vuestros contactos.

 

Podéis saber más y seguirles día a día en Facebook / juegaterapia.org donde ya cuentan con más de 10.000 seguidores y ver las fotos con las entregas en los hospitales, el listado de Asociaciones colaboradoras y los cientos de mensajes y felicitaciones que reciben por la labor desarrollada.

 

O en su pag web www.juegaterapia.com y gracias a todos.


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Los nuevos pobres

Cortesía de http://www.e-faro.info/ 

Corren tiempos de fuertes cambios en este mundo occidental nuestro. Desde hace ya un par de años, la sociedad se está viendo transformada a golpe de medidas económicas que, con denodado afán, pretenden corregir y enderezar el rumbo de las finanzas nacionales. Se ha de decir que con escaso o nulo éxito. La deuda nacional (gobierno y demás administraciones públicas, bancos, empresas, particulares) sigue siendo astronómica y los mercados, ente metafísico, dudan con razón que se pueda pagar. El PIB no crece. El consumo se contrae. El crédito agoniza. El desempleo sigue aumentando. En este panorama desolador, miles y miles de personas se aprestan a engrosar las filas de la nueva pobreza, muchas de ellas a pesar de disponer de un empleo, la mayoría porque ya sospechan/intuyen que nunca lo tendrán.
Entre los nuevos pobres, a diferencia de entre los pobres de toda la vida que en épocas pretéritas formaron parte de esa parte de la sociedad, abundan los estudios superiores y universitarios, los idiomas y la experiencia laboral. También abunda lo contrario, producto de un sistema escolar a la cola europea. Pero lo que más diferencia a los nuevos pobres de los de siempre es la capacidad de distraerse (de ser distraídos) que tienen a su alcance. Son pobres con móvil y ordenador, con Internet en muchos casos. Pobres de pantalla plana y canal de fútbol de pago, con videoconsola y juegos a juego, así se quedan jugando en casa y ahorran. Son pobres que se quedan colapsados en los aeropuertos la víspera de un superpuente, pendientes de su vuelo low cost que nunca despegará por culpa de unos pocos que no son pobres. Son, en definitiva, unos nuevos pobres a los que las subidas de impuestos y servicios y las bajadas de poder adquisitivo y prestaciones sociales han pillado con el paso cambiado. No se acaban de creer que les esté pasando esto, por eso tardarán en reaccionar si es que lo llegan a hacer. En el mientras tanto, el gobierno seguirá lanzando medidas de corrección presionado por las circunstancias mientras agoniza el mundo que hemos conocido y llega el albor del nuevo. Pero nada han de temer nuestras autoridades, los nuevos pobres no están por la labor de soliviantarse. Eso era cosa de otras épocas.