“Préstamo que no rescate ¡Qué se ha creído usted! ¡Donde va a parar!”

Entre ayer y hoy se han dicho ya tantas cosas de este “préstamo que no rescate ¡Qué se ha creído usted! ¡Donde va a parar!” que parece difícil añadir algo más, así de rápida ha corrido la información/opinión/indignación por los medios y las redes sociales. Nadie que esté en su sano juicio y siga mínimamente la actualidad general podía pensar que este momento no iba a llegar. Lo verdaderamente problemático vendrá a partir de ahora. Quizá lleguemos a agosto estirando el lenguaje y la semántica. Y si la “Roja” gana la Eurocopa ya ni te cuento. Con esto, el Gobierno del PP hará encaje de bolillos, aplicando el axioma catalán de “qui dia passa, any empeny”, algo así como que alegrémonos por hoy que mañana será otro día. Luego los españolitos nos iremos a la casa del pueblo, a la mierda o de vacaciones (los que puedan, que pese a todo aún son muchos) y sin pensarlo y en un pispas nos plantaremos en septiembre, justo a tiempo para el otoño caliente, topicazo de entre los tópicos que volveremos a oír hasta la saciedad. Mientras tanto, el Gabinete Incubador de Medidas Austeras (GIMA) ya tendrá preparadas las cucharadas de aceite de ricino que nos tendremos que tomar: subida del IVA, bajada de las pensiones y sueldo de los funcionarios, aumento de la edad de jubilación ya (y no vaya usted a saber cuando, según las reformas tipo pepegoterayotilio tan abundantes en este país), más contracción del gasto público para compensar y más maravillas que se les ocurran. Pero eso sí, con el orgullo español intacto, porque a nosotros no nos han rescatado, nos hemos tirado al agujero porque nos ha dado la gana.

Como no me gusta el fútbol ni pizca y además prefiero a la gente cabreada antes que cloroformizada, solo me queda esperar que nuestros chicos de la selección nos vuelvan a dar unas cuantas tardes como aquellas de mediocre gloria que tantas veces nos dieron, y se vuelvan a casa sin la prima de 600.000 € libres de impuestos que les iba a tocar a cada uno. Además las chicas del movimiento FEMEN me caen muy bien.

La verdad ausente (ni está ni se la espera)

Dice el dicho que la verdad es la primera víctima de la guerra. Podemos ampliar el espectro y decir que ocurre lo mismo con las crisis, especialmente si son sistémicas como ésta en la que nos encontramos. El ejemplo de Bankia, en estos últimos días, es definitorio: de declarar beneficios en 2011 a no poder presentar sus cuentas anuales a tiempo porque los auditores ponían demasiados reparos a la contabilidad, cambio de presidente, revisión de las cuentas de 2011, intervención y rescate. Más que una consecuencia es un síntoma de lo que nos está pasando. La otra noche entrevistaron a Artur Más, President de la Generalitat de Catalunya, en un canal autonómico. El periodista, curtido veterano del medio, le preguntó directamente si sabía toda la verdad de lo que estaba pasando. El President Más respondió prácticamente a bocajarro un NO rotundo. Fue convincente. Pero ¿Es eso creible? Y si lo es ¿Qué consecuencias se derivan de ese hecho? Nuestra clase política, nacional o europea, ¿No sabe qué es lo que esta pasando?
Se ha hablado y se habla mucho de la exposición al ladrillo del sistema financiero en general y del español en particular, centrándose casi toda la atención en este aspecto como la causa de las dudas de los mercados. Pero ¿Y la exposición a los productos derivados? ¿Y los créditos ordinarios de difícil cobro? ¿Y qué decir respecto a que la banca española se haya convertido en la principal tenedora de dueda soberana del país?
Con todo, hay un elemento del que creo que pocos políticos sean realmente conscientes y que hayan asumido: el crecimiento no volverá. Y no me refiero a un crecimiento raquítico de décimas de punto o de un punto porcentual (Alemania con todo su poder apenas ha crecido un 0,5% el primer trimestre). Me refiero al crecimiento necesario para una reactivació económica a la vieja usanza. Ese crecimiento, el crecimiento perpetuo de las épocas de bonanza, ha muerto y ha pasado a la historia. Por eso, gran parte del desempleo español (del 15 al 20%) está aquí para quedarse. A ver quien es el político guapo que sale a la palestra de los medios y dice que el sistema financiero español está más podrido aún de lo que se ha dicho y que la mayoría de los parados no va a encontrar trabajo nunca. Pareciera más bien que se está forzando tanto la máquina para que, ante la convulsión dramática de los acontecimientos que está por venir, la población acepte lo que se le imponga sin rechistar. Más dramatismo es lo que hace falta. Ésta es la tesis de la columna de hoy del estupendo escritor y articulista Rafael Nadal (nada que ver con el tenista). Espero sin esperanza que se equivoque.

Un paso más cerca

En medio de esta tormenta en la que se convirtió hace tiempo la actualidad, donde las noticias tienen el valor más efímero que nada antes tuvo jamás, resulta realmente difícil detenerse a pensar en las cosas y, especialmente, en por qué las cosas son como son. Lo que sí parece claro es que las cosas no son ni suceden porque sí. Un ejemplo: aunque llevaba tiempo cociéndose el asunto, la población española no se había enterado de las “tribulaciones” de la empresa Repsol en Argentina. Lenta pero inexorablemente las provincias petroleras argentinas habían ido retirando las concesiones de explotación a YPF, la filial de Repsol, hasta que el paso siguiente se veía ya inevitable, la expropiación.

La factura energética argentina entró el último año en déficit, empezó a pagar por parte de la energía que consume el país. Sus yacimientos petrolíferos llevan mucho tiempo en explotación y su rendimiento decrece año tras año, por lo que no es rentable invertir en ellos para mejorar la producción. Es cierto, sin embargo, que Repsol descubrió nuevos yacimientos de los llamados petróleos no convencionales (generados a partir de gas o pizarras) pero para poder explotarlos rentablemente hace falta muchísima inversión. En esta tesitura, el gobierno argentino ha ido maniobrando, primero oficialmente, para presionar a Repsol a aumentar decididamente sus inversiones y, segundo y descaradamente, para hacerse con el control de sus recursos petrolíferos. La maniobra definitiva que se temía para hoy al final no se ha producido.

El gobierno español, que será lo que será pero que a patriota no le gana nadie, se ha arrogado el papel de Cid Campeador y ha salido en defensa de la empresa ¿española? y de los intereses de España. Hasta ha salido un video con un señor muy serio (que dicen que es ministro) hablando en plan Gila: “que sepan que si alguien hace algo, ese alguien se las verá con otro alguien”.

No sé si he mencionado alguna vez que hace tiempo me convertí en peakoiler, nada grave, una corriente de pensamiento, minoritaria pero creciente, que afirma con pruebas concluyentes que al mundo que conocemos le quedan dos telediarios y que en poquitas décadas (nosotros lo veremos) el declive energético provocará el colapso. Es dentro de este contexto que se inscriben hechos como las guerras de Irak y Libia o las tensiones con Irán, intentos de occidente, EEUU especialmente, por controlar un próximo futuro de escasez. Hay que recordar que EEUU es importador neto netísimo de petroleo y que por importar importa hasta de ¡¡la Venezuela de Chavez!! Es lógico pues que países que tienen recursos pero que no los controlan, como Argentina, intenten maniobras para cambiar esa situación. Del mismo modo que los países sin recursos se agarren a marcos jurídicos internacionales para garantizarse futuros suministros. España, no hay que olvidarlo, importa el ochentaytantos por ciento de la energía que consume.

Mientras tanto, en el momento que escribo esto (las 18:25 de este viernes 13 de abril) el IBEX español ha cerrado perdiendo un 3,58% a causa principalmente de la crisis de la deuda. Ya sé que ha cuajado sobremanera entre la población el tópico de los perversos “mercados”, idea alentada por la prensa y la política mainstream, pero la realidad va mucho más allá de todo eso. En los meses de diciembre y febrero pasados el Banco Central Europeo (BCE) prestó 500 mil millones de euros a tres años al 1% a todo banco de la Unión Europea (UE) que quiso pedir. Los bancos españoles utilizaron el dinero así conseguido para comprar la deuda española, deuda que nadie más quiere comprar salvo a intereses muy altos, nefastos para nuestra economía. Por eso desde diciembre hasta hace cuatro días la Hacienda española no tuvo problemas para colocar sus emisiones de deuda a intereses moderados. Pero eso se acabó. La banca española se quedó sin dinero, el BCE no va a volver a darle a la máquina de los billetes y a España aún le quedan por colocar este año 120 mil millones de deuda para hacer frente a los pagos que le vencen ¿Quién va a comprar esa deuda? ¿A qué interés? Recordemos que a partir del 7% los países entran en zona de rescate.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, casualidades de la vida, España corre el riesgo de perder nuevamente las colonias.