Acerca de mí

Nací en los años 60 en el seno de una familia tradicional (padre, madre, hijo)

(continuará)

Ante este excitante planteamiento, mi infancia fue un sonoro aburrimiento sin un mal escándalo familiar que llevarme a las entendederas. Tuve unos tíos artistas, eso sí, pareja de baile que recorrió los cabarets de media Europa y parte del extranjero durante los 50, 60 y 70. Pero eran de lo más normalito, sin vida disoluta ni nada parecido. Con este panorama entre en los 70.

(continuará)

Al poco de entrar, Carrero Blanco voló por partida doble (en cuerpo y en espíritu) y yo me quedé sin la excursión al Salón de la Infancia que mi clase del cole tenía programada para ese día. El “canguelis” de los responsables del colegio donde cursaba mis estudios (A.E. Ramón Llull, del que por otra parte guardo bonitos recuerdos) frustró mis infantiles ansias de expansión. Fue mi primer encuentro con el terrorismo.

(continuará)

Con el preadvenimiento de la democracia la cosa pareció animarse un poco (soy de los que piensan que la democracia aún no ha llegado). O quizá es que yo entré en la adolescencia, esa época en la que todo está multiplicado por cien: la alegría , la tristeza, el primer amor, el segundo…El caso es que esos recuerdos ya los tengo en color porque los anteriores solo consigo sintonizarlos en blanco y negro. En mis calificaciones escolares figuraba habitualmente aquello de “progresa adecuadamente” que se puso tan de moda por entonces. En realidad lo ponían porque no sabían lo que pasaba realmente por mi cabeza, lugar en el que empezaban a bullir las manías y obsesiones que me caracterizan actualmente. El caso es que fui un chico de provecho y me planté a las puertas de los 80, de la mayoría de edad y de la universidad prácticamente todo de golpe. Ante tamaña proeza, pareme a descansar.

(continuará)

Recién entrados los 80 y sin tiempo casi para haber puesto el culo en la silla van y matan a John y un tío con bigote, tricornio y pipa en mano se sube a un púlpito para decirnos lo que tenemos que hacer. Lo lógico hubiera sido al revés, que hubieran matado al tío del bigote y que John nos dijera que nos dejáramos de tonterías y nos amáramos los unos a los otros. Pero el mundo siempre ha estado mal repartido y los asesinos psicópatas nunca están realmente donde hacen falta. Pese a todo, la primera mitad de la década fue una de las épocas de mi vida más felices que recuerdo: la universidad, las clases, los amigos y, por supuesto, la cafetería. Todo ello quedó truncado por mi incorporación al servicio a la patria que realicé en “los madriles”, ciudad de la que, sin embargo, guardo muy grato recuerdo y a la que he regresado posteriormente zinacritú en varias ocasiones. Ya de vuelta del cumplimiento del deber y completados mis estudios, inicio mi carrera laboral en el campo comercial y publicitario con perspectivas esperanzadoras. Pero como no hay miel sin hiel, los convencionalismos hacen mella en mí y finalizo la década cometiendo una solemne insensatez: casarme por primera vez cuando no estaba preparado para ello. Pero en aquel momento, como dice el dicho, todo era “flors i violes”.

(continuará)

Empiezan los 90 y todo parece ir sobre ruedas: tengo trabajo, tengo familia, las Olimpiadas de Barcelona 92 son un éxito…..pero la cosa empieza a torcerse hacia la mitad, cuando el PP asciende al poder por primera vez. Con estas perspectivas de futuro la cosa no pinta nada bien y me acabo separando. Como la vida es montaña rusa, conozco a renglón seguido a quien hoy es mi costilla y la cosa sentimental se encarrila. Pero el PP se ha propuesto amargarme la existencia y reedita su victoria electoral en los siguientes comicios nacionales, esta vez con mayoría absoluta. El siglo XXI no podía empezar peor.

(continuará)

A todo esto, a partir de finales de1992 yo había entrado en una vorágine de precariedad laboral que se enderezó en 1998 cuando entre a trabajar (con buen sueldo y posición) en una empresa del grupo Telefónica. Como había alcanzado la estabilidad laboral y también había recuperado la estabilidad sentimental, decidí compensarlo adquiriendo la inestabilidad económica con mi primera hipoteca. Con estas premisas me interno en el nuevo siglo. Son años felices de viajes, salidas e inconsciencia, como una segunda adolescencia. España va bien y parece que va a ir mejor y yo siento la llamada del ladrillo y me uno al frenesí inmobiliario a través de la intermediación, contribuyendo activamente al apogeo especulativo: MEA CULPA. Sí queridas y queridos, yo participé en y de la burbuja, pero el/la que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero nada es en balde. Tras un año en el sector, vi la luz y abandoné el mal camino y sus funestas prácticas pese a lo incomprendida que fue mi actitud. A todas estas, a mitad de la década soy padre de una niña maravillosa. No lo debo estar haciendo tan mal.

(continuará)

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15 pensamientos en “Acerca de mí

  1. Qué manías y obsesiones? 😀

    Creo que podría decirte dos…

    tienes la manía de ser simpático y tu obsesión es el “continuará”

    No te dijeron en el cole que las redacciones mínimo son entre 150-300 palabras?

    O es que quieres que te lea sin pestañear jajaja

  2. Vas mejorando, esto está muy interesante 😀 te has saltado la primera vez (tuyamentiendes) y la segunda! que siempre es mejor que la primera 😀 “flors i violes” jajaja muak! gracias por compartir tu vida. Para mí los ochenta fueron la rehostia. Mi cafetería favorita “el desitg” 😀 ya no exite, snif!

  3. En lo de mejorando, me refería a más palabras por minuto, por supuesto. No te pongo otra risa que va a parecer esto el Benny Hill jajaja

  4. Es que uno es un caballero (tuyamentiendes del tuyamentiendes) y no quedaría elegante que explicara ciertas cosas pero sí, la segunda fue mejor que la primera. Más que nada porque la primera no fue para tirar cohetes.

  5. Es que yo tampoco esperaba que dieras información explícita ni confidencial. Me quedó un saborcillo amargo respecto a eso que tu llamas insensatez y pensé “por qué no ha contado la parte sensata? Enric no me hagas caso que igual yo soy demasiado exigente y necesito encontrar en lo que leo más emociones o sensaciones que de alguna forma expliquen como hemos sido capaces de cometer insensateces. Con eso de que no fue para tirar cohetes el lector/a se puede sentir muy identificado en algo que en ese momento nos parecía “un mundo”, al menos para mí que por aquel entonces era muy pardilla, no es como ahora que se morrean en la puerta del cole con la cartera en la espalda y los calcetines por las rodillas. Antes un beso te lo tenías que ganar en un juego que se jugaba a escondidas “verdad, acción o beso” jajaj, no te acuerdas o es que no habías jugado a eso?

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