La falacia

Después de la tempestad llega la calma. O primero la de cal y luego la de arena. Con permiso del enjuto Urdangarín, del vil metal adorador y trasunto enriquecido del quevediano Dómine Cabra, la actualidad judicial la encontramos en el nuevo asalto que el Juez Baltasar Garzón (para mí siempre será Juez y con mayúscula) en desigual y sin par combate libra frente a las fuerzas muertas de la judicatura española. Entiéndaseme bien, no entro yo a valorar si el bueno de Balti se equivocó o no cuando se metió en los berenjenales en los que se metió. Lo que sí creo es que “no ha lugar” a juzgarlo por los supuestos delitos por los que se le juzga. Con una simple amonestación y decir que no tocaba ir por ahí ya era más que suficiente. Y no como se ha actuado por parte del Tribunal, que parece que si no hubieran encontrado delito del que acusarlo habrían redactado un nuevo código penal para añadir lo que fuera menester.

En fin, viene esto a cuento de la segunda sentencia que le cae a Garzón en pocos días, ésta sí absolutoria (el puyazo y descabello se lo habían dado ya con el Caso Gurtel) en el conocido popularmente como caso de los crímenes del franquismo. Tras una somera lectura dela sentencia, tres parecen ser los pilares sobre los que se sustenta:

  1. La interdicción de la retroactividad de las normas sancionadoras no favorables (art. 9.3 Constitución española). Groso modo viene a querer decir que si la ley cambia y ahora el delito que has cometido está más penado que con la ley en vigor en el momento en el que lo cometiste, o lo está ahora y antes no, tienes derecho a acogerte a la ley que más te convenga.
  2. La declaración de imprescriptibilidad (de los crímenes de guerra y contra la humanidad) prevista en los Tratados Internacionales que han sido ratificados por España e incorporados a nuestro ordenamiento no pueden ser aplicados retroactivamente. Esto viene a ser un corolario de lo anterior
  3. En 1977 hubo una Ley de Amnistía y aquí paz y después gloria.

Del primer punto nada que objetar. Es de rango superior al estar en la Constitución y vale para todos los casos, por mucho que nos pueda repugnar que se aprovechen de ello los criminales. Esto viene a cuento, a parte de la prescripción de los delitos según nuestro ordenamiento jurídico, por el delito de detención ilegal sin dar razón del paradero, como tipo agravado del delito de detención ilegal, que casualmente estuvo ausente del Código Penal desde 1932 hasta 1944, los años del meollo de la cuestión.

En el segundo punto, por contra, nos encontramos con una paradoja y ésta es que si los crímenes de guerra y contra la humanidad no prescriben, no lo harán tanto si un país se adhiere a los tratados internacionales que así lo estipulan como si no lo hace. Al fin y al cabo, la imprescriptibilidad proviene del crimen mismo no de la opinión que cada cual tenga de él, porque entonces a los criminales de guerra nazis (o a tantos otros) no se les habría podido juzgar. Precisamente para eso se hicieron ese tipo de tratados.

Es en el tercer punto, sin embargo, donde creo se halla la enjundia de la cuestión. Y es que nadie como el alma española para dotar de magia a las circunstancias más vergonzantes de nuestro devenir histórico. Son ejemplo de ello el halo mágico que recorre la transición, el ejemplo mundial de convivencia o la democracia de la que nos hemos dotado, expresiones mil veces manidas y esgrimidas con torticero fin. La Ley de Amnistía que se aprobó bajo la tutela de las fuerzas franquistas en plena detentación del poder no puede argüirse como razón que justifique el tupido velo que se corrió en su momento. El uso de dicha ley, como arma arrojadiza contra cualquiera que cuestione los podridos cimientos de la “democracia con la que nos hemos dotado”, me recuerda las Divinas Palabras de Valle Inclán frente a las que el populacho analfabeto tenía que callar y me retrotrae el sabor amargo de la bilis de aquel “atado y bien atado” del lloroso Arias Navarro que nos tuvimos que tragar. No, así no. La falacia no se puede disfrazar de justicia. Se acaba pudriendo todo.

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6 pensamientos en “La falacia

  1. Bravo!!!! Muy bien dicho. Me pregunto si alguna vez nos sacudiremos para siempre el polvo franquista. Me contesto que no, siguen gobernando. Un beso Enric.

  2. Nada más peligroso como encontrarse en manos del enemigo
    …que quien te juzgue y condene …no sea simpatizante.
    Entonces… ¿es justa la justicia?

  3. La justicia en este país no es justa, ni imparcial, ni ecuánime…. Ni por los niveles altos ni por los bajos… A mí me preocupa tanto que juzguen y emitan una sentencia injusta hacia un juez que hacia un chorizo mamón, con infinidad de causas pendientes con la justicia y le suelten porque sí (porque los juzgados estén petaos de casos pendientes, porque total, va a volver a hacerlo…- algo que, si le detienen y le sueltan de buena mañana, a lo largo del día pueden volverle a trincar hasta 3 veces o más en el mismo día – ).
    Un beso, Enric

  4. Da pena la justicia en este país. Y fuera de aquí deben estar ojipláticos de ver lo que pasa. Y ahora atención a la sentencia de Urdangarín, va a ser de chiste y de tomarnos por tontos al resto de ciudadanos.

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