El arte, a veces, sí es morirte de frío

En una conocida y estilosa tienda de muebles de Barcelona tienen colgado de atrezzo, aunque también a la venta, una reproducción posterizada sobre bastidor de madera de una fotografía de una casa en ruina inminente. La foto en cuestión es una de las realizadas por los fotógrafos Yves Marchand y Romain Meffre bajo el epígrafe The Ruins of Detroit, un trabajo que muestra la decadencia y hundimiento de la otrora capital mundial del motor. De hecho, la casa de la fotografía ya no existe. Después de años de abandono y exposición a las inclemencias (naturales y humanas), la estructura se resintió y fue preciso derribarla en 2007. Mientras encontramos lógico que desaparezcan pueblos, es el signo de la modernidad nos decimos, que le esté pasando eso a una ciudad de la historia y significación de Detroit nos enfrenta con la cruda realidad de la inconsistencia de nuestra “sociedad moderna”. Pero para conjurar sus temores, el ser humano se las pinta que es un primor. Así, convierte al portador del mensaje perturbador – la fotografía de la casa en ruinas – en un objeto superfluo (en el fondo, todo arte lo es), intercambiable y, por tanto, reemplazable. Es la banalización de la realidad molesta. Un cuadro que puede quedar bien encima del buffet, “¿Tú crees? Yo lo pondría en el despacho”, “en el despacho no, que quiero poner esa reproducción tan chula de los obreros esos, sentados en una viga, a sopotocientos metros de altura”, “pero si esa ya está muy vista”, “pues la casa en ruinas no, es horrible y seguro que debe ser de alguna de esas ciudades rusas de Siberia que quedaron abandonadas cuando se hundió la URSS”…

El ser humano se diferencia de los animales en muchísimas cosas, pero creo que una de las más perversas es su capacidad de manipular y alterar la realidad simbólica, desactivando con ello la conciencia de los individuos. Para ello se ha valido y se vale de múltiples armas, desde la religión hasta el saber científico. El arte es una de ellas, tanto de manera directa como apropiándose del arte ajeno.

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8 pensamientos en “El arte, a veces, sí es morirte de frío

  1. Yo tengo una fotografía muy buena de una casita en ruinas en el pequeño pueblo de Somiedo (Asturias), los escombros en el porche y la montaña de fondo. Es cuestión de ampliarla.
    Igual, ahora que ando tiesa de pelas, y si consigo relacionarme con la gente adecuada, le doy salida al tesorito.

    (Yo debo de ser muy inculta, pero no entiendo el arte contemporáneo. Me quedo con los clásicos. Claro que, a lo mejor, en lugar de inculta …es que la clásica -por edad- ya voy siendo yo)

    Besos

  2. Posiblemente Henry esa tienda de muebles antes era una tienda de coches… lo de Henry es para alterar la realidad simbólica…será porque asocio las casas de miedo con los príncipes 😀

  3. Siempre el arte ha cumplido esa función. En la Edad Media se banalizaba la vida real de las gentes colocando a los campesinos al lado de los nobles en los relieves de las catedrales. En la Edad Moderna los Medici se disfrazaban de Reyes Magos en una pintura al fresco de su palacio y ponían junto a ellos a toda la cohorte de personajes que poblaba Florencia. Marcel Duchamp y los dadaístas tuvieron la rara cualidad de dar visibilidad a lo que anteriormente se producía espontáneamente. Desde entonces el arte no ha sido otra cosa que puro ensimismamiento y manipulación incluso en aquellos totems de la modernidad como el Guernika o la Sagrada Familia.

  4. Tesa, una casa en ruinas en Somiedo ya da miedo de por sí, si encima la amplías….;D. No somos clásicos, Tesa, somos atemporales.

    Gran verdad, BB, incluso el mismo ojo, en épocas distintas, aprecia cosas diferentes.

    Gemma, pues yo asociaría las casas de miedo con las suegras 🙂 y no me alteres la realidad simbólica que luego no hay quien la lleve a dormir a su hora ;D

    Sí, Dr., pero muchas veces los totems lo son a su pesar. Sólo se salvarían si estuvieran escondidos, pero entonces serían elitistas.

  5. Tu último comentario me ha hecho recordar lo del robo del Códice Calixtino. ¿Habrá algún elitista que se lo haya llevado para contemplarlo a escondidas en algún rincón oscuro de su fastuosa mansión?

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