Ni lo uno ni lo otro

Al final me he lanzado (aviso que es un poco largo)

Ni esto es una revolución ni estamos haciendo historia. Más bien creo que la historia nos va a pasar por encima. Los planteamientos del movimiento de indignados, en principio, pueden estar más o menos bien y ser suscribibles por una gran mayoría. Pero olvidan circunscribirse al momento y lugar en el que nos encontramos ¡Qué paradoja! Porque el movimiento ha surgido como reacción a dicho momento y dicho lugar y a las consecuencias por ellos generadas. Estamos en pleno proceso de cambio, en una crisis sistémica, que no quiere decir, en absoluto, que el sistema se vaya a la mierda (con perdón), sino que vamos a pasar de un modo de crecimiento (el que hemos tenido hasta ahora) a otro, con el consiguiente cambio de variables.

En este cambio no llevamos, naturalmente, la batuta. La partitura la están escribiendo otros. Y a los países económicamente excéntricos (como España) les queda el papel de desafinar lo menos posible, so pena que nos pongan a tocar el triangulo en un rincón o nos echen de la orquesta.

El año 2010 había que bajar el déficit del 12 al 9,2%. Se consiguió pero ya sabemos a costa de qué. Este año 2011 hay que bajarlo de ese 9,2 al 6%. Y todas las instancias que deciden coinciden que no va a ser posible tal y como van las cosas ¿Os llegáis a imaginar las medidas que se van a tomar para intentar conseguirlo o quedarse lo menos lejos posible? Jodidas ¿No?

En este marco, lo que digan los indignados que se manifiesten no cuenta absolutamente para nada, porque si no se cumplen las órdenes recibidas nuestra economía sí que va a conocer verdaderos problemas. Y si se llegara a la intervención directa de España la cosa sería dramática, tanto que la gente no puede llegar a imaginárselo.

Boicotear la constitución de los nuevos ayuntamientos creo que es un gran error que puede alejar al movimiento 15M de las simpatías actuales de muchos ciudadanos. No hay que olvidar que la legitimidad democrática (aquí y en cualquier país con similar régimen) proviene de los resultados electorales y no se puede argüir el manido “no nos representan” porque todos tuvimos la oportunidad de elegir a quien considerábamos que nos representaría mejor, todos tenemos la oportunidad de presentarnos si creemos que nadie refleja nuestro credo o ideario y, en todo caso, de votar en blanco o abstenernos. Por lo que los elegidos lo son a todos los efectos nos guste o no. Además, cuando “España iba bien” no recuerdo que nadie se quejara especialmente de este aspecto.

Por otra parte la reforma de la Ley Hipotecaria es inviable hoy en día, porque pretender instaurar la “dación en pago” o eliminar “los suelos” tocaría y hundiría a los bancos y ese es un tema tabú. Además, en el caso que se aplicara, el panorama de la vivienda cambiaría muchísimo, se exigirían muchas más garantías para conceder un préstamo y se ha calculado que únicamente dando un 50% del valor. Esto nos retrotraería a épocas pasadas en las que conseguir vivienda en propiedad era solo cosa de pudientes, amén de dar la puntilla al sector inmobiliario que, contra lo que muchos piensan, no está formado únicamente por “poceros” y chiringuitos de esquina trapicheando con pisos.

Hay que tener presente también que los bancos no son esos señores de levita negra, sombrero de copa y puro, que nos presentan en las tiras cómicas, sino que están formados por una gran mayoría de medianos y pequeños inversores y ahorradores, directamente o a través de fondos de pensiones en los que muchos ciudadanos de este país y del resto mundo han depositado los esfuerzos de años de ahorro para garantizarse una vejez. La expresión “que la crisis la paguen ellos” que tan frecuentemente se oye desde el inicio de la misma rebela una simpleza de miras y una falta tan grande de conocimiento y análisis de la situación que da miedo.

La lucha contra la reforma laboral y de las pensiones es otro cantar, pero se está aplicando también en el resto de Europa una política similar y en el nuevo sistema que se esta construyendo no caben pasos atrás. Las consecuencias serían funestas. En último término, todo está relacionado con la forma en que España, a lo largo del tiempo (años e incluso siglos), ha creado su PIB, su riqueza. Y ha sido con un tipo de mano de obra intensiva, en un modelo industrial con creación de poco valor añadido, con un gran sector muy estacional (el turismo) y otro sector con un alto contenido especulativo (el ladrillo). Pretender cambiar esto de la noche a la mañana es imposible. Ni siquiera en 10 años. Así que con la actual coyuntura económica ya me diréis.

A España le queda “atarse los machos”, un largo periodo de crecimiento nulo o apenas testimonial que no creará empleo, aunque las cifras del paro se maquillarán de una u otra forma, tanto por hastío y renuncia de los interesados como por algún artificio. Porque otra de las características del sistema que nos está llegando es la productividad, que no es producir más, sino producir mejor, con el menor coste posible y con el mayor aprovechamiento de los recursos al alcance. Y esto no crea empleo, más bien al contrario. Pero eso no se dice. La única panacea para la economía española actual es, qué triste, la economía sumergida, que según los últimos datos ya representa casi la cuarta parte del PIB, pero que en su mayoría no se pude aflorar porque la presión fiscal la haría inviable.

Paris Hilton también está indignada. “Realmente admiro a estos chicos, están luchando por tener un mundo mejor”, aseguró la empresaria y modelo.

Es por todo lo anterior y por el análisis sucinto de las diferentes propuestas que se van lanzando que creo que el movimiento de indignados está sustentado sobre una nube y que corre el grandísimo riesgo de pegarse un tortazo de los que sí hacen historia, porque salir a la calle a manifestarse es una cosa pero dar forma a un ideario, a un programa creíble, es otra muy distinta. ¿Quiere esto decir que no se puede hacer nada? En absoluto, pero hay que elegir mucho mejor las “batallas” que se quieren librar. La de la reforma electoral creo que es una de ellas. El sistema ha de ser más representativo y ha de obligar a la toma de decisiones de gran nivel (las que afectan de un modo significativo la vida de los ciudadanos) con mayores consensos, no con mayorías rodillo. La del control del gasto público es otra (España no puede tener más Km. de AVE que casi nadie en el mundo, aeropuertos fantasma por toda la geografía, duplicidades administrativas o embarcarse en operaciones bélicas que no se puede permitir). A ver si nos enteramos que hemos sido siempre unos “mindundis”, somos unos “mindundis” y nos queda aún mucho trecho de seguir siéndolo.

En cualquier caso, hacen bien los indignados en convocar las manifestaciones para ya porque la semana pasada leí que, según una encuesta sobre hábitos turísticos, el 78% de los españoles se va a ir de vacaciones sí o sí. Probablemente es la misma mayoría que apoya a los indignados, pero ya se sabe que España es así.

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7 pensamientos en “Ni lo uno ni lo otro

  1. No estoy en absoluto de acuerdo, Enric aunque respeto tu punto de vista. Cualquier status quo tiene vocación de quedarse y seguir así por siempre y solo los movimientos desde abajo pueden modificarlo. En Islandia han conseguido forzar un status quo y en cualquier país cuando logran eliminar una dictadura rompen un status quo. La historia siempre avanza gracias a los que no se resignan.
    Te voy a poner un ejemplo: cuando cayó Napoleón el Congreso de Viena estableció unas reglas políticas y económicas para impedir las revueltas liberales. Gracias a ella la revolución liberal española de 1820 se fue al garete pero no pudieron impedir que la ola de cambio, la necesidad de cambio, terminase por triunfar en Europa, en la misma Francia en 1830 y todavía más lejos y más radical en 1848. Una economía que pretendía seguir por unas reglas del antiguo régimen tuvo que claudicar `por las nuevas necesidades y expectativas económicas.
    Historicamente cualquier movimiento tiene una base utópica que le da su oportunidad, si lo convierte en doctrina el movimiento termina por diluirse. La fuerza de este movimiento es que cuestiona el sistema y no pretende formar parte de él ni por supuesto usar mecanismos que lo perpetúen.
    Mi papeleta no ha apoyado a ningún partido ya que no creo en ninguno pero me siento con la suficinete fuerza moral para exigir responsabilidades a los que se arrogan una representación que más de un 50 por ciento de la población no les ha dado. Creo en todo caso que no se pretende boicotear las tomas de posesión como dar a entender que se estará vigilantes antes lo que esos señores quieran hacer en el futuro.

  2. Suscribo tu post.
    A los indignados se les ha ido de las manos la situación de acampadas y asambleas.
    Y todos tuvimos en nuestras manos la capacidad para bajar de sus tronos a los mismos de siempre, y volvimos a dejarlos allí (esta vez los azules); no escarmentamos.
    El poder del cambio está en las urnas y desde luego, en una reforma electoral que debería ser objetivo prioritario.

    La economía es cíclica. Todavía vendrán tiempos peores pero tenemos que remontar.
    Quizá en unos tres años. Preparémonos para lo peor, pero tengamos esperanza.

    Besos.

  3. Yo también disiento Dr. La economía global del siglo XXI no tiene nada que ver con la del XIX, claramente arancelaria en la que los países protegían sus parcelas y derribaban las contrarias a cañonazos (política de cañoneras la llamaban). Así se abrieron Japón y China en su momento, por cañones. Hoy en día no hay término medio: o se está dentro del modelo económico o se está fuera. Ambas posturas tienen un precio, pero el de la segunda es mucho mayor y transforma a las sociedades que la padecen en míseras. La economía española está intervenida desde mayo de 2010 cuando ZP se tuvo que envainar su “buenrrollismo” falsamente de izquierdas (la izquierda es otra cosa), ponerse firmes y a disposición de las autoridades de la UE, del FMI, de USA y China. La cara de ZP justo unos días antes de anunciarse las medidas, en la rueda de prensa conjunta con el vicepresidente norteamericano Biden, era patética: acababan de cantarle las cuarenta y advertirle de las consecuencias de no doblegarse. Desde entonces, y a pesar de las medidas aplicadas, se ha estado jugando al sí pero no y a las reformas descafeinadas. Pero el tiempo se agota. En este enlace te podrás hacer una idea de cómo están las cosas:

    http://www.expansion.com/2011/06/08/economia/1307488891.html

    También disiento en otra cosa: los movimientos desde abajo no pueden modificar nada si no están dispuestos a jugárselo todo en el envite. Y cuando digo todo es todo. Pero la sociedad española dista mucho de ser una masa paupérrima. Y el caso islandés es eso, el caso islandés: un país de 300.000 habitantes sin mayor importancia, que no pertenece al euro y al que se le puede dejar a su suerte. Ninguna sociedad de ningún país de la UE puede ni soñar siquiera en hacer nada parecido. El movimiento de los indignados está compuesto por razones lógicas para la indignación (que las hay), fantasía utópica alternativa, progresismo sin análisis y aprovechados de turno (que también los hay). Para que ese magma solidifique y forme algo mínimamente coherente ha de ordenarse, estructurarse y plasmar negro sobre blanco su credo. Si no, es un simple fenómeno iconoclasta que tendrá poco recorrido, pese a los intentos de boicot a las claras que planean. En este otro enlace la noticia queda más explícita:

    http://www.elpais.com/articulo/espana/Indignados/toda/Espana/acuerdan/boicotear/constitucion/ayuntamientos/elpepuesp/20110605elpepunac_3/Tes

    La obsesión que tiene esta gente con el “no nos representan” es de diván. Los políticos elegidos libremente en elecciones democráticas gozan de toda la legitimidad, hayan sido votados por el 80, el 50 o el 20%. Que nos gusten más, menos o nada es otra cosa totalmente diferente.

    Un saludo.

  4. Tesa, en la mayoría de las veces no cuento lo que estoy convencido que pasará para que no me llamen catastrofista, pero los datos están cada vez más ahí mismo, delante nuestro para el que no quiera cerrar los ojos. Espero fervientemente que tu deseo que en tres años empezemos a remontar se cumpla.

  5. No es para volver a lo mismo pero la idea expresada por Francis Fukuyama de que hemos llegado al final de la historia y que por tanto fuera del régimen capitalista nada es posible es la que alimentó el discurso “desregulador” y antisocial del que ahora sufrimos sus consecuencias económicas. Precisamente las ideas de Fuyuyama parten de una falacia: creer que la caída de los regímenes comunistas significaba el triunfo total y absoluto del capitalismo. Ese derrotismo que se ha impregnado en las conciencias y que se mueve entre la resignación y el fatalismo demuestra lo poco que hemos aprendido la lección. Por ejemplo la lección de los países del Este: muy pocos de aquellos intelectuales que redactaron la carta 77 en Praga podrían imaginar que 12 años más tarde aquel régimen que parecía destinado a durar 100 años se venía abajo como un castillo de naipes en una noche. Muy pocos de los sindicalistas e intelectuales de la Polonia de 1981 podrían imaginar que 8 años después serían libres. Incluso en Rumanía, en Bulgaria, en Albania o que decir en Alemania Oriental donde todo tenía el gris color de la permanencia y donde no había una oposición visible al régimen nadie pudo imaginar lo que luego pasó. No fue el discurso programático el de aquellos opositores, ni tampoco la política oficialista fue la que propició al cambio si no el esfuerzo y la voluntad del pueblo que obligó a aquellos regímenes a tomar medidas aperturistas para no ser eliminados cosa que no pudieron evitar. Algunos prefieran pensar en la influencia “porvidencial” del Papa, Reagan o la Thatcher, siempre ha sido bien visto por los poderes la individualización de las revueltas y pretender que seres superiores son los sujetos que mueven la historia.
    Los políticos nos representan mientras queramos sentirnos representados por ellos y el problema no es el tamaño del país. Italia tenía un sistema partitocrático asentado, con una Democracia Cristiana a la derecha, un Partido Comunista a la izquierda y a ambos lados otros grupos menores: neofascistas, liberales, republicanos, socialistas, socialdemócratas etc.. y todo se vino abajo tras lo que que se llamo Tangentopolis que eliminó de un plumazo esas estructuras que permanecían intactas tras la caída de Mussolini. La corrupción eliminó los partidos tradicionales y nacieron otros aunque nos joda que en lugra haya llegado Berlusconi o la Liga Norte. En Francia ocurrió lo mismo tras la Guerra de Argelia y la constitución de la V República.
    Nada es definitivo, nada es para siempre, esa es la lección de la historia y antes de pensar en el estado mental de aquellos que se revuelven frente a lo constituido deberíamos de reflexionar si tienen motivos para hacerlo. Por lo que se ve, por lo que dicen las encuestas, el 80% de la población española así lo cree. Y yo con ellos.

  6. Estoy de acuerdo con lo que dices, Dr., pero creo que no es comparable o extrapolable. Porque los países del este sufrieran la debacle que sufrieron no podemos pensar que en los países democráticos occidentales pueda pasar lo mismo si sus sociedades salen a la calle a presionar pidiendo cambios. Entre otras muchas cosas, porque la sociedad está pendiente de otras cosas y da mayoritariamente su legitimidad a los regímenes establecidos, cosa que no sucedió nunca en los países del este, que sobrevivieron los años que sobrevivieron gracias al poder militar de la URSS. ¿Que hay protestas? Claro, siempre las ha habido y siempre las habrá. Pero realmente, quien se está quejando es a quien le están pisando el callo (Grecia o España) y a veces ni eso (en Irlanda o Portugal cambiaron el gobierno en unas elecciones y poco más ha habido). En el resto de Europa, con un paro infinitamente inferior al de aquí y con economías más adaptadas que van creciendo (más o menos pero crecen) los movimientos de protesta están reducidos a los grupos de siempre. En cuanto a los ejemplos de Italia o Francia, piensa que en realidad cambiaron unos partidos por otros y unos políticos por otros, pero ¿Cambió algo más realmente?
    Evidentemente, nada es para siempre. Pero “siempre” es un periodo difícil de cuantificar. Yo no cuestioné el estado mental de nadie. Los indignados, como todo grupo heterogéneo tendrán dentro de todo, igual que los propios partidos políticos a los que acusan de no representarles, que se les supone en teoría más cohesionados. Pero aún contando con sus buenas intenciones, hemos de dejar el fenómeno en su justa medida. Motivos para indignarse hay y ese 80% que ha aparecido en las encuestas refleja esas causas objetivas de indignación. Yo también creo que las hay. Pero una gran mayoría de ese 80% participó en las últimas elecciones y votó. Y como digo en el post, un 78% se va a ir de vacaciones sea como sea. Es por eso que creo que muy diferente es que el mismo porcentaje apoye todas las propuestas que puedan salir del movimiento o esté de acuerdo en cómo los indignados están haciendo las cosas. De hecho, ya hay claras divergencias dentro de algunas plazas (en Barcelona ya hay dos claros grupos diferenciados) y en Sol las cosas no están yendo mejor por causa de los más radicales. Son los lógicos problemas del asamblearismo, de la falta de cohesión y estructuración. Hace falta un programa claro y asumible, estructura, líderes y portavoces definidos. Para esto y para todo, desde vender caramelos hasta crear una empresa, lanzar un proyecto de investigación o cualquier otro asunto serio. Pero entonces la cosa igual perdía ese toque revolucionario tan buscado y estudiado. Es por eso que creo que, abusando de la buena fe e intenciones de muchos, unos pocos están manejando el movimiento a su antojo con propuestas, actitudes y acciones que no son de recibo.
    Precisamente porque no somos un país del este y existen cauces de sobra para plantear alternativas sin caer en lo que se está cayendo, cuestionando la legitimidad y autoridad del Estado democrático.

  7. Estoy muy de acuerdo con lo que comentas Enric. La mayoría seguirían dentro del modelo económico si se pudiera, del modelo capitalista. Es verdad que la democracia que tenemos “falla”, no es normal que un partido minoritario decida con quién gobernará. Remediar esta falta de tacto y respeto es tan fácil como que cada partido, antes de las votaciones, pacte con el que mejor le convenga, es ilegítimo de otra forma lo que están haciendo. Están masacrando sus propias ideologías y la de los demás pactando con los contrarios una vez se han escrutado todos los votos. En mi opinión esto y la profunda crisis económica, son los dos temas claves, es como un recochineo que ya no se puede consentir. Ya sabemos que la crisis económica no la van a levantar los políticos, pero de ellos depende, que el país no se hunda en la peor de las miserias, de ellos sí depende que se pueda fluir con mayor rapidez a la regeneración del tejido de, más o menos, bienestar pluralizado. Hay que saber repartir la riqueza y crear empleo, y en este país, nos guste o no, el turismo puede seguir salvando mucho empleo y llenar muchos edificios ahora vacíos, hay que impulsar nuevas ideas y explotar mejor las que venían funcionando sin ninguna necesidad de caer en negocios especulativos. Hay que preservar y ayudar fiscalmente a las empresas que crean empleo no especulativo, sé que mis ideas son un pelín comunistas, pero es que francamente, tenemos un país rico que no se apreciamos, mas bien despreciamos.

    Un beso-ito 😀

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