El truco del almendruco

Fase 1: Allá por el mes de mayo, ante la presión que Europa, el FMI, EEUU y China ejercen sobre España para que se ponga las pilas de una vez e inicie el camino del recorte y la austeridad, nuestro ínclito Gobierno saca la tijera y, entre otras cosas, les dice a los ayuntamientos de la nación (endeudados hasta las trancas) que desde ya no pueden endeudarse más. Como en menos de 24 horas se levanta un oleaje que “pa” qué, el Gobierno dice que donde dijo “desde ya” dice ahora que a partir del 1 de enero de 2011. Pese a la prórroga, los ayuntamientos no se quedan nada contentos y, desde entonces, florecen las intenciones de recurrir contra dicha medida gubernamental.
Fase 2: Para capear el temporal y matar dos pájaros de un tiro, que es la mejor manera de no matar ninguno, en junio las Cortes aprueban la nueva Ley de Morosidad que responde también a las peticiones europeas para que en España se reduzcan los plazos de pago de empresas y administraciones, especialmente ayuntamientos, que son de los más bochornosamente largos de la CEE (de media más de 100 días mientras en Europa es la mitad). Para facilitar que los ayuntamientos puedan converger hasta los nuevos plazos en los 3 años de adaptación a la Ley, el Gobierno anuncia la creación de una línea de créditos ICO (Instituto de Crédito Oficial).
Fase 3: En la “vuelta al cole” de septiembre, la ministra Salgado nos anuncia que cómo hemos sido tan buenos ¿? desde mayo y hemos reducido el déficit un Potosí ¿¿¿???, los ayuntamientos que no superen el 75% de endeudamiento respecto de sus ingresos podrán seguir endeudándose. Los agraciados se sabrán a final de año. Casualmente, a día de hoy, dos grandísimas corporaciones (Madrid y Valencia, ambas en manos del PP) no cumplirían la ratio y se quedarían sin caramelos para el año que viene.
Fase 4: Pasadas unas semanas desde que se aprobó la Ley y a pesar de lo anunciado anteriormente, los ayuntamientos confiesan que ni hartos de vino podrán acercarse a los plazos que exige la Ley de Morosidad. Hasta Manuel Bustos, alcalde de Sabadell y presidente de la Federació de Municipis de Catalunya (FMC), sale en la televisión para decir que esto es lo que hay y que el que no quiera o no pueda que no trabaje con la administración. Lo dice tal cual, aunque eso sí, con cara compungida, para que veamos como sufren los ediles electos. Así se lo hace saber la FMC al Gobierno que, compungido él también, confiesa que la línea de crédito del ICO no se ha creado aún (y es poco probable que se cree, aunque esto no lo dice).

Así se cierra, pues, el truco del almendruco en el que para que los ayuntamientos no sigan endeudándose, se tienen que seguir endeudando. Ni David Coperfield.

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3 pensamientos en “El truco del almendruco

  1. >Buen análisis. Comparto hasta la última coma.No es buena la solución que se está dando al endeudamiento de la administración local en España, pero habría que ver de dónde viene ese lastre económico que supone que un ayuntamiento tenga una deuda de cerca de siete mil millones de euros. Los que le siguen, se mueven entre los ochocientos y los setecientos millones. Lo mejor es comparar las deudas con los ingresos anuales obtenidos. Estas cosas sólo pasan en la administración pública, en cualquier empresa hubieran puesto a los responsables de patitas en la calle.Saludos.

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